¿A dónde va Vicente?

Carlos Tomas Knott

“¿A dónde va Vicente?
A donde va la gente.
¿A dónde va la gente? A donde va Vicente”.

 

El refrán es conocidísimo en el mundo de habla española. Por eso a menudo sólo se dice la primera parte: “¿A dónde va Vicente?”, y los demás suplen la respuesta en su mente o la dan en voz alta. Si alguno de mis lectores se llama Vicente, le pido disculpas porque no quisiera ofenderle, pues su nombre es bonito, y le recuerdo que yo no originé este refrán. Hablemos del Vicente del refrán. ¡No piensa mucho, excepto para ver qué hacen y a dónde van los demás, y les sigue. Flota con la corriente y se deja llevar.Así es la vida para muchos. Por suerte de dónde han nacido se les determina todo. Todos se miran y se siguen, sin pensar en otra cosa que: “¿qué hacen los demás?” Estamos en la temporada de la primera comunión. Las niñas se visten de novia y los niños de marinero o fraile. ¿Por qué? Porque es lo que se hace. ¿Por qué? Porque los demás niños lo hacen. Pero, ¿por qué sus padres, que no creen y no van casi nunca a la iglesia, les permiten hacer la primera comunión además se gastan un pastón para los regalos, los trajes, las fotos, el banquete? Ah, es porque lo hacen los demás. Es lo de “¿A dónde va Vicente?” otra vez. ¿Primera comunión, o primera confusión?

¡Y a nosotros que no hacemos estas cosas nos dicen que nos han lavado el coco! Bueno, como dice el refrán: “a los locos hay que darles la razón”.

Es triste, porque el pobre Vicente se pierde, pero él se pierde contento porque se pierden también los demás. ¿Qué consuelo es esto? ¡Ninguno! ¿Cuántos hay que se consuelan pensando que son como los demás? ¡Muchos! Y así hemos hecho una sociedad de “Vicentes”, pero no hablo del santo. Un “Vicente” es uno que ha seguido a los demás sin pensar. O quizá pensaba al principio, pero le han enseñado a no hacer esto. Su sociedad y las instituciones le han lavado el cerebro, y sin pensar, sin cuestionar, sin remordimientos, Vicente va a donde va la gente, y está contento porque hace lo que hacen los demás. No pregunta si los demás van bien o mal, simplemente dónde van, y ahí también va Vicente. Amigo, si no quieres ser un Vicente, debes abrir la Biblia y leerla, sobre todo, el Nuevo Testamento. No encontrarás ninguna ceremonia de “primera comunión” en la Palabra de Dios, ni regalos, ni banquetes. Son inventos de hombres, y estimulan el comercio, pero no ayudan el estado espiritual. Dos mujeres estaban hablando en la sala de espera en la clínica del doctor. Una decía a su amiga que habían tenido varios gastos fuertes, y por último ahora acababan de hacer la primera comunión para su hija. “Oh”, dice la otra, “al menos te has quitado un peso”. Es la opinión de muchas familias, es un peso, casi un castigo, cuesta un dineral, pero hay que hacerlo para que los niños queden contentos. Dicen: “Y para no ser menos mi hijo que los demás”. ¿A dónde va Vicente? A donde va la gente”.

Un relojero salía temprano cada mañana para limpiar la acera delante de su tienda. Empezaba a notar que en el otro lado de la calle paraba un hombre cada mañana por un momento, miraba el reloj grande en la fachada de la relojería, ajustaba el suyo que llevaba en el bolsillo, y luego seguía su camino. Cada día sucedía lo mismo, y al final el relojero tenía tanta curiosidad por saber quién era ese hombre que por qué hacía esto, que se propuso llegar a saberlo. La mañana siguiente se fue a la acera con su escoba, a la espera del caminante. De pronto apareció, y el relojero cruzó la calle y le saludó: “Buenos días”

“Buenos días” respondió el otro.

“¿Me permite hacerle una pequeña pregunta si no es una indiscreción?” “Por supuesto, señor”.

“Soy el dueño de la relojería, y observo que cada mañana usted para aquí frente a mi tienda, mira el reloj en la fachada, ajusta el suyo, y luego se va”.

“Efectivamente” dijo el otro, sonriendo. “Porque soy el controlador en la fábrica, y tengo que dar la señal para comenzar y terminar el trabajo cada día. Mi reloj no marca bien la hora, pero lo necesito cada día para mi trabajo, así que paro aquí por la mañana y ajusto la hora en mi reloj según la hora que marca el gran reloj en la fachada de su relojería. Así me aseguro”.

El relojero se echó a reír, con una expresión de gran sorpresa en el rostro.

“Perdone”, dijo cuando se controló un poco, y continuó: “Es que mi reloj allí en la fachada no marca bien la hora, pero es muy grande y difícil de bajar y corregir, ¡así que cada día espero oír la señal de la fábrica, y ajusto mi reloj para que indique bien la hora!”

Entonces respondió el otro, asombrado, “¡Ninguno de nosotros dos sabe qué hora es, y todo el pueblo ajustando sus relojes por los nuestros! ¡Esto ya es el colmo!”

Tenía razón.

Esta anécdota ilustra el gran error del mundo de: “¿a dónde va Vicente?” Todos se preocupan por lo que hacen los demás, a dónde van, cómo se visten, qué comen, qué creen, y para qué viven. Pero los demás están haciendo lo mismo, y esto ya es el colmo. Nadie sabe “qué hora es”, porque todos se copian y ajustan sus creencias y prácticas por los demás. No tienen un punto firme y verdadero de referencia.

En cambio, a nosotros los que creemos y seguimos al Señor Jesucristo, y nos orientamos por la Palabra de Dios en lugar de por la sociedad, los “Vicentes” nos llaman locos y dicen que nos han lavado la cabeza. Esto también es el colmo.

La “gente” dice que el hombre viene del mono y no fue creado por ningún Dios. “Vicente” lo cree porque la gente lo dice. No quiere ni siquiera pensar que todo fuera creado por Dios, porque la gente se reirá y le llamará loco, y claro, con el coco comido, le importa mucho lo que la “gente” dice.

La “gente” dice “sé tú mismo”, y “diviértate, porque la vida es para eso”, y Vicente, porque tiene miedo de ser distinto, se pone a beber y bailar. Si la gente lo hace, Vicente está dispuesto a probarlo para no quedar en menos y sobre todo que sus amigos no le miren con malos ojos ni se rían de él. Para “Vicente” el qué dirán es un factor de mucho peso, pero poquiísmas veces se le ocurre pensar en lo que Dios dirá.

La “gente” bautiza a sus niños, así que los “Vicentes” también, para no quedar mal, y porque les tiene el coco comido, y les queda en la cabeza este pensamiento: “mi niño no está bautizado”, así que, por si le pasa algo, por superstición, aunque los padres pasan olímpicamente de la Iglesia, bautizan a sus niños en un gran acto de hipocresía, y la

Iglesia, sin escrúpulos, les permite hacerlo. También la “gente” toma la primera comunión, tiene sus banquetes y recibe sus regalos, y claro, los “Vicentes”, aunque no creen, lo hacen también. La “gente” va a Misa, así que “Vicente” también. La “gente” no cree, pues “Vicente” tampoco, pero de todos modos, se traga la misa como los demás. Para quedar bien, ¿sabes? O por supersitición, por si acaso. Esta misma “gente” dice que no cambiará (aunque no cree ni practica lo que llaman su religión), y “Vicente”, pues hace como los demás.

¡Ay Vicente! ¿Cuándo vas a usar tu cabeza para algo más que el peine o la gorra? ¡Piensa!

¿Por qué te preocupa el qué dirán los demás y no el qué dirá Dios?

La “gente” no es dueña de tu vida, ni de tu eternidad. Así que, ¿por qué te importa tanto a dónde va y qué piensa?

Y si la gente se pierde, ignorando el buen camino, y va a la perdición…

“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12)

“Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (S. Mateo 7:13)

¿Vicente? ¿Estás? ¿Toda la vida la vas a gastar yendo a donde va la gente, y cuando mueras, también? Claro, si no cambias, es tu destino, el que has dejado que la “gente” elija por ti, porque no quieres pensar, investigar; porque te da miedo cambiar; porque te molesta más el qué dirán de los vecinos y amigos que el qué dirá Dios. ¿Qué dirá Dios? Te invito a abrir la Palabra de Dios y leerla tú mismo, para que puedas ir, un día, no a donde va la gente, sino al cielo, por la fe en el Señor Jesucristo.

“Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (S. Mateo 10:33)