Cristo Vive en Mí – Primer Parte

Cristo Vive en Mí – Primer Parte

Cristo Vive en Mí

Estudios de Gálatas – Wayne Barber / Parte 8

Por: El Dr. Wayne Barber; © 2004

El versículo 20 del capítulo 2 de Gálatas es todo lo que vamos a ver en esta ocasión, y dice: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.

 

Cristo Vive en Mí

Hoy vamos a ver el versículo 20 del capítulo 2 de Gálatas. Les he estado diciendo que vamos a llegar a un momento donde vamos a profundizar un poco más. ¿Lo recuerdas? Hemos estado en una narrativa, y ha sido interesante seguir esa línea de estudio, pero ahora vamos a ahondar y quiero que lo hagamos juntos. En oración, he pedido a Dios, para que podamos profundizar y entender lo que Su Palabra está diciendo.

Veamos lo que dice el versículo 20 de nuevo: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”. Ahora, para profundizar, tenemos que repasar, y quiero explicar por qué hemos de repasar. No puedes observar este pasaje a menos que entiendas el contexto en el cual se encuentra. El apóstol Pablo, en los versículos del 11 al 19 del capítulo 2, ha tenido una audaz confrontación con Simón Pedro. Pedro estaba pasando por un momento de debilidad, y le dice, “Pedro, estás pasando un mal momento, y has mostrado debilidad cuando estos hombres, legalistas, los judaizantes que son del partido de la circuncisión, quienes han venido a Antioquía. Pero, Pedro había sido valiente cuando había estado con Santiago y Juan, pero cuando llegaron los de Antioquía había actuado diferente.

Ahora, éstas eran las mismas personas que estaban desacreditando a Pablo, lo que le había llevado a escribir lo que escribe en esta epístola a las iglesias de Galacia. Y Pedro con seguridad sabía cómo podrían hacerle daño. Estos eran los judíos que creían que la circuncisión, la ley de Moisés, era el camino hacia la justicia; Y, por supuesto, ni siquiera conocían de la salvación, pero para ellos ese era el camino a la justicia. En Gálatas 2:12 dice: “Se retiró y se mantuvo a distancia de los creyentes de Galacia.” ¿Sabes?, Pedro se encuentra allí entre los creyentes gentiles de esa región; él estaba en su territorio y todo lo que tenía que suceder era que estas personas legalistas vinieran y él se acobardó. Sí, él se acobardo, dibujó una línea y dijo: “No puedo tener compañerismo con los creyentes gentiles, ya que los judaizantes están aquí”. Este fue un gran error, es por eso que el apóstol Pablo tuvo razón de confrontar a Pedro.

Lo extraño es, una vez más, lo fuerte y claro que Pedro se mostró en Jerusalén, pero ahora, estaba siendo débil en Antioquía cuando estos judíos aparecieron por el camino. A ellos se les llamaba los del partido de la circuncisión. ¿Sabes lo que esto me hace pensar? Esto me muestra la influencia que la Ley y los que todavía predicaban la Ley tenían sobre Simón Pedro. Déjame hacerte una pregunta. ¿Cuán atractivo es someterte a un sistema de hacer actividades religiosas para ti? Escuchas el mensaje de la gracia, pero hay ciertas personas que te influyen de una manera diferente, y cuando estás con ellos actúas diferente.

Bueno, revisemos el versículo 11: “Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque era de condenar.” Y la palabra “condenar” significa culpable como un acusado. “Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles.” Ahora, los gentiles eran hermanos en Cristo. Él sabía eso. “Pero cuando vinieron, empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión”. Ahora, una palabra que no he sacado a relucir es “temer”, que es fobeo y fobeo significa estar aterrorizado en este contexto. Ahora, ¿Puedes creer eso? Cuando llegaron, Pedro, de todas las personas, estaba aterrorizado de que estuvieran allí. Estos judaizantes legalistas le amenazaban tanto que le hicieron retirarse y mantenerse alejado de esos creyentes gentiles. Pedro cayó en la trampa de agradar a los hombres en lugar de agradar a Dios. Cuántas veces eso sucede en nuestra vida. Preferimos ver a la gente sonreír y ser amables con ellos que agradar a Dios.

Bueno, la hipocresía de Pedro era contagiosa, el versículo 13 dice, “Y el resto de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos.” Alguien tenía que hacer algo rápido, y Pablo lo hizo, en el versículo 14, “Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?”

Ves, lo que pasó, cuando se acercó a los creyentes gentiles, él comió con ellos, no había leyes alimentarias, él les había demostrado que la Ley ya no era su amo, que ahora eran salvos por la gracia, pues todos habían sido salvos por la gracia. Y la Ley ya no tenía lugar en ellos. Pedro había tomado partido con ellos—pero era un compromiso no verbal—pues, ahora estaba tomando partido con los judaizantes, y lo que estaba diciendo es, “La ley que les dije que ni siquiera yo estaba bajo su dominio, ahora la vamos a poner sobre ustedes.” Y lo que Pablo le contesta es “Eres una contradicción total Pedro. Pues, todo tu estilo de vida se ha echado a perder por lo que estás haciendo.

Él dice en el versículo 15: “Nosotros somos judíos de nacimiento y no pecadores de entre los gentiles;” Pedro, nosotros nacimos judíos. Ahora bien, lo que eso significa no solo que no eran judíos prosélitos, como podrían ser algunos gentiles, que más tarde en la vida se habían convertido al judaísmo, y que luego pasaron por el rito de la circuncisión, etc., y se ponían bajo la ley de Moisés. Y Pablo le dice, nosotros no somos judíos de esa manera: nosotros nacimos de padres judíos, circuncidados al octavo día, sometidos a la ley de Moisés. Fuimos criados para obedecer la Ley. Pero el punto de Pablo era hacerle ver, ¿Fuimos salvos de todo eso? ¿Acaso nuestra obediencia a la Ley hizo algo para justificarnos? Sólo porque eremos judíos, ¿hizo algo? Él dice en el versículo 16: “Sin embargo, sabiendo que un hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Cristo Jesús.” Esta palabra “sabiendo” es esa pequeña palabra que hemos visto tantas veces, que en su etimología, es percibir algo claramente y que llegó a ser clara en un momento especifico en el tiempo—ellos habían crecido creyendo que el único camino a la justicia era la enseñada a través de la Ley Mosaica—pero en un momento en el tiempo el Espíritu Santo les reveló, les dio una clara percepción de que esa Ley no podía salvarlos. No había nada en ellos que pudiera salvarlos, debían ser justificados por la fe en Cristo Jesús.

Pedro, esto es tan importante, pues no te salvaste porque eras judío, no te salvaste porque obedeciste la Ley. Eso te mantuvo alejado de la justicia; Eso te mantuvo queriendo tener un buen comportamiento; pero, eso no podía salvarte. Y luego continúa, y dice: “Nosotros también”, ya que estaba hablando con Pedro. Sabes Pedro, los dos, “Ambos hemos creído en Cristo Jesús, Pedro, como judíos, hemos creído en Cristo Jesús, nos dimos cuenta que la Ley no podía salvarnos, por lo que fuimos justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la Ley. Puesto que por las obras de la ley ¿Quién podrá ser justificado?, nadie puede ser justificado”.

Luego él dice en el versículo 17: “Pero si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros hemos sido hallados pecadores”. Y esto es algo que todos necesitamos entender. Nacemos a este mundo ya sea judíos o gentiles, y toda persona que ha nacido nace en pecado. Y eso es lo que está diciendo. Si eres judío, o si eres gentil, si eres religioso o si eres rebelde, todos nacemos en pecado, sí, todos nacemos pecadores.

Él dice entonces: ¿Es Cristo, entonces, ministro de pecado?” Y lo que él está diciendo es que todas esas leyes que obedecimos, sabes, Isaías nos dice que nuestras acciones no son más que trapos inmundos, son pecados ante Dios, porque el hombre no puede producir obras de justicia. Y luego dice: “¿Estás diciendo que si colocamos la Ley sobre los gentiles, hemos de hacer que se circunciden, y que de esa manera se salven?” Él dice: “No, estás haciendo de Cristo un ministro de pecado”, esto es lo más ridículo que nunca hayas hecho, Pedro, y le dice: “¡De ningún modo!”

Y luego en el versículo 18, una declaración aún con mayor ímpetu para mí, él dice: ” Porque si yo reedifico”, y Pablo está hablando de sí mismo en este momento. Él dice: “Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor”. Y esa palabra “destruí”, nunca antes la había visto hasta ahora y es del griego katalúo, que significa liberarte de algo. Y qué hermoso cuadro nos da de la salvación. En el momento en que nos inclinamos ante Jesús, Él nos libera de la esclavitud y de la condenación, del control de la Ley. Y él dice: “Pedro, ¿Por qué quieres volver a estar esclavizado de nuevo?” Y Pablo dice: “No voy a hacer eso, no voy a volver a reedificar lo que una vez destruí. ”

¿Sabes?, podemos entender el atractivo de la Ley en una persona judía como Pedro, incluso Pablo, aunque Pablo ha ido más allá para querer ser atraído por ella, pero puedo entender el atractivo. Ellos crecieron con la Ley, eso era todo lo que sabían, puedes entender por qué había una tendencia a volver a ella.

Pero el problema es que esta epístola no está escrita para judíos que han continuado bajo la esclavitud de la Ley. Esta epístola está escrita a creyentes gentiles que se han dejado engañar por una mentira. Se les ha enseñado acerca de la gracia como a nadie nunca se le había sido enseñado. Pablo mismo les había enseñado. Pero ahora, han vuelto a ponerse bajo la ley. Pero, ¿Qué atractivo tenía la Ley para estos creyentes gentiles? Puedo entender esto en los judíos, pero no puedo entender por qué lo era para los gentiles. Y luego se me ocurrió, toda nuestra carne—no importa si eres gentil o judío—toda nuestra carne responde a la Ley. Nos gusta estar siempre haciendo algo por Dios. Por supuesto, puede ser por diferentes razones, pero todos disfrutamos del crédito que obtenemos por lo que logramos. Y me di cuenta que nada ha cambiado, como dice Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol.

Puedes decir, eso no es cierto hoy en día, déjame en paz, esto era para las personas de entonces. Este es el siglo XXI. Sí, eso es exactamente correcto, pero cuando en el siglo XXI empezamos a enfatizar “en cosas que tienes que hacer” en lugar de lo que “eres”, entonces caemos en la misma trampa. Te das cuenta, y no queremos reconocerlo, pero estamos cayendo en la misma trampa. Cada vez que pienso que tengo que hacer algo para que Dios me ame más o esté satisfecho conmigo, entonces automáticamente he caído de nuevo en esa trampa. Mi carne prefiere estar haciendo algo por Dios que hacer que Dios haga algo a través de mí. Ya que ese es el viejo juego de la iglesia y la religión. Eso es así.

Bueno, en el caso de Pedro, al retirarse del compañerismo de los creyentes gentiles, él no hizo una declaración verbal, fue una declaración no verbal, pero negó todo lo que representaba en Jerusalén con Santiago y con Juan. Él estaba diciendo con su proceder que la circuncisión y la ley eran necesarias para alcanzar justicia. Al retirarse y mantenerse a distancia, estaba abrazando el mensaje de la Ley sin tener que decir una palabra. Y esto es por lo que Paul tuvo que enfrentarle, pues cuando había que defender el mensaje de la gracia nadie lo defendió y nadie representó más bien como el apóstol Pablo. Y veremos por qué en unos momentos.

Él dice en el versículo 19, “Porque por medio de la Ley [me gusta esto] morí a la Ley, para vivir para Dios.” Pablo era tan parte de la Ley como Pedro cuando crecieron. Pero él dice: “Yo morí a la Ley.” Lo que él quiere decir con eso es que la Ley me dijo que hiciera ciertas cosas que al final no podía lograr. La Ley nunca puede lograr lo que exige, y por lo tanto él murió a la Ley, pues ella exige la muerte por no lograr lo que demanda la Ley. Y él dijo: “Yo he muerto a eso.”

Pero hay algo más aquí. El tiempo del verbo “morí” está en aoristo indicativo activo. Aoristo indicativo activo nos da a entender “yo di la espalda a esto; Decidí ya no seguir esa ruta.” Llegó un punto en el tiempo en mi vida que lo decidí, y le dice a Pedro, Pedro, yo le di la espalda a eso, no voy a volver a ella, tú todavía estás cayendo en esa trampa, pero yo no voy a volver a andar bajo la Ley. Pues, si un solo acto de obediencia a cualquier Ley pudiera producir justicia, él dice más tarde, entonces Jesús murió innecesariamente.

Ahora, mi mente comienza a dar vueltas cuando cosas como estas suceden en la Escritura. ¿Cuándo fue que Pablo llegó a esa conclusión? Sé que él no buscaba a Dios, sé que no estaba en un seminario o en una reunión de avivamiento cuando fue salvó. ¿Qué estaba haciendo? Él se encontraba en el camino de Damasco para aprender a cristianos, con la esperanza de matarlos. Ese era su propósito en la vida, deshacerse de esta cosa llamada el Camino, él quería deshacerse de estas personas llamadas creyentes. Y en ese camino de Damasco se encontró con el Señor Jesucristo resucitado. Y en ese instante, en ese camino, automáticamente, comprendió que había algo más allá de lo que alguien podía enseñarle. Fue algo que el Espíritu Santo de Dios tuvo que revelarle, algo más que todos sus años de justica humana, de obediencia, obediencia a la Ley y todos aquellos años que había ganado de acuerdo con la Ley, de repente no era nada, y cayó postrado allí ante el Señor resucitado Jesucristo. Todo su pasado se le hizo evidente en ese momento cuando el Espíritu Santo le reveló al Señor Jesús y en ese momento se sintió condenado frente a la presencia del Señor Jesucristo resucitado.

Y esto es lo que tiene que pasar con cada uno de nosotros, pues de esto trata la salvación. Puedes intentar hacer cosas buenas toda tu vida y eso no te salvará, y Dios no está impresionado. Pero cuando te postras ante Él, cuando el Espíritu Santo de Dios te ha revelado al Señor Jesucristo resucitado, te das cuenta que sin Él estás condenado. Pero también en ese mismo instante te das cuenta que Él nos ama y quiere salvarlos, y ahí es donde la salvación tiene lugar. Y eso es lo que le sucedió al apóstol Pablo, mira lo que él dice en el camino de Damasco: “Señor, Señor, ¿Qué quieres que haga?” No dijo, “Según la Ley, ¿Qué quieres que haga?”, más bien dijo, “Señor, ¿Qué quieres que haga?” Él tenía un nuevo Maestro, en un instante, en el momento en que el Señor Jesucristo fue revelado a su corazón.

Y le dice a Pedro, “Pedro, en ese instante vi la futilidad de la Ley, lo vi todo bien claro, ya que podía conseguir lo que la Ley me exigía, y fue entonces que caí y me incliné ante el Señor Jesucristo. Pedro, puedes seguir tu camino si quieres, pero yo nunca volveré atrás, nunca volveré a la ley que me mantuvo en esclavitud durante tantos años.” La justicia de Pablo es ahora sólo a través de Cristo, no a través de la Ley. En todo respecto a la Ley él estaba muerto, todos sus esfuerzos religiosos para ser justo, ahora estaban muertos, la ley ya no tiene poder de condena sobre él, porque la sentencia de muerte se ha llevado a cabo a través de la muerte del Señor Jesucristo.

Entonces, ¿Cuál es el argumento de Pablo? Él le dice a Pedro: “Si nosotros como judíos vivimos vidas religiosas, y eso, ni por cerca pudo salvarnos, entonces, Pedro, ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás del lado de aquellos que dicen que la obediencia a la Ley es el medio para logra la justicia?” Cuando añadimos algo a la gracia, destruimos el mensaje en ese momento. La justicia sólo puede ser producida por nuestra rendición al Señor Jesús y Su Palabra. Lo ves, Cristo viviendo dentro de Pablo, ahora le permitía ser lo que Dios le exigía que fuera. Y aquí es adonde nos dirigimos, de esto es lo que se trata la gracia. Ya que, es religión o es gracia, una u otra. No puedes tener ambas cosas, no pueden mezclarse.

Ahora, es tan importante aquí lo que Pablo no dijo. A veces hay que tener cuidado de notar esto. Pablo no dijo que era libre de hacer lo que quisiera, y lo veremos en un momento. Él no está libre de su responsabilidad ante Dios; no señor. Pues, vas a ser esclavo de cualquier manera que vayas. Pero sí, estás libre de los medios de la Ley para alcanzar y llevar a cabo esa responsabilidad ante Dios. Es por eso que él dice en el versículo 19, “Porque por la Ley yo morí a la Ley [¿por qué?] Para vivir para Dios”. Así que una persona que vive bajo esta mentalidad de “Tengo que hacer algo para agradar a Dios”, es una persona que no está viviendo bajo Dios. Él vive para sí mismo y ni siquiera lo sabe. Él no está sirviendo a Dios, está sirviendo a su ley y está tratando de alcanzar algo que Dios ya ha ganado y comprado para él. Pablo se había convertido en una nueva criatura en Cristo. Cristo ahora vive en él, y escribió en Filipenses 2:13, “Porque es Dios el que obra en vosotros, tanto el querer como el hacer por Su buena voluntad”.

Y ahora entramos en el versículo 20. ¿Has visto el contexto? ves a un hombre que, como Simón Pedro, que ha sido tan audaz en ciertos momentos, que hasta negó a Jesús y ahora incluso niega el mensaje de la gracia por temor a lo que la gente va a decir de él. Y muestra el hecho de que todavía no ha resuelto que el mensaje de la gracia es el único camino, es la única forma, es lo que dice el evangelio.

Bien, vayamos al versículo 20 y veamos lo que Pablo dice sobre sí mismo según continúa su argumento. En primer lugar, Pablo hace una proclamación: “He sido crucificado con Cristo”. Ahora, esa pequeña frase “he sido” está en el tiempo perfecto pasivo indicativo. Quiero que aprendas esto, para que entendamos esto. El tiempo perfecto significa que algo pasó aquí que me pone en el estado de ser, que estoy aquí. Y tenemos que entender eso. Aquellos que creen que pueden perder su salvación luchan con el tiempo perfecto. El tiempo perfecto significa que algo sucedió; Sucedió, por lo tanto es, y es por eso que estoy donde estoy ahora. Y la voz pasiva significa que Pablo no inició esa acción. Tú puedes decir, ¿Qué quieres decir eso? En el versículo 19 está en voz activa; Pablo inició la acción, él dio la espalda a la Ley. En el versículo 20 está en voz pasiva; Dios lo hizo, cuando te alejas de la Ley y te inclinas ante el Cristo resucitado, entonces Dios hace algo en tu vida.

¿Qué es lo que hizo? ¿Qué pasó aquí que pone a Pablo en el estado en que está ahora? Él dice: “He sido crucificado con Cristo”. La palabra para “crucificado” es sustauróo. Proviene de dos palabras griegas: sus, que significa íntimo, no se puede separar; Y stauróo. Ahora la palabra sus, de nuevo, se encuentra unida a “con”, y hay dos “con”, y hablaremos de esto. Hay dos tipos de “con”. Está el “con de asociación”, como si estuviéramos uno con el otro ahora mismo, pero cualquiera puede salirse en cualquier momento. Así que, por lo tanto, estamos juntos ahora mismo; Eso es meta. Pero el otro “con2 significa estar juntos y que nadie puede separarnos. Ese es el “con” que se usa aquí. Y entonces la palabra stauróo significa crucificar, destruir o matar, poner a muerte. Y Pablo dice: “He sido crucificado con Cristo”. Ha habido una muerte.

Tenemos que entender esto, técnicamente, cuando Cristo fue crucificado, Pablo dice: “He sido co-crucificado con Cristo”. Ahora, piensa en esto. Aquí es donde vamos a ir a otro nivel. Cuando Cristo fue crucificado, lo que está diciendo es que yo estaba en la cruz con Él. Por cierto, tú también estabas allí. Él no solo lo tenía en Su mente, Él tenía tus pecados sobre Sí mismo, y Él se hizo pecado por ti y por mí. Él llevó nuestro pecado a la cruz.

Cristo tomó todo lo que Pablo era como un pecador a la cruz. Pablo no tenía conciencia de esto, que la deuda ya había sido pagada. Las personas que pasan sus vidas haciendo esto y haciendo aquello para ganar su salvación, ¿Qué se les puede decir? Jesús ya lo hizo todo, ya pagó la deuda. Y puedes decir, “Eso es universalismo, ¿No, no es así? Si ese es el caso, todo el mundo se salvaría.” No, no, no, no. Hasta que no pongas tu fe en Jesús, eso no es tuyo. Técnicamente estabas en la cruz con Jesús, pero de manera experiencial y posicional, eso ocurre cuando recibes a Jesús en tu corazón.

A pesar de que técnicamente Jesús murió por los pecados de todo el mundo, no todo el mundo ha recibido lo que Él ya ha pagado; Y de eso se trata la salvación. Experimentalmente vino a la vida de Pablo en el camino de Damasco, el Cristo resucitado lo detuvo en su camino y comprendió que la Ley nunca lograría la justicia y recibió a Jesús en su corazón. Lo que había sucedido en la cruz ahora era suyo y él vino a ser un creyente.

La crucifixión significa muerte. Ahora, escúchenme, cuando Cristo vino a Pablo en la persona del Espíritu Santo, el viejo Pablo murió, todos sus derechos a sí mismo murieron, murieron todos sus derechos a pensar a su antojo, murieron todos sus derechos a hacer lo que quería. Él firmó la orden de muerte a sus derechos de sí mismo cuando recibió a Jesús en su corazón. Él convirtió todas sus impresiones emocionales, todas sus creencias intelectuales, en un veredicto moral contra la disposición del pecado que dice que, “puedo hacer lo que quiera hacer como yo quiera”. Y ahora él dice: “He sido crucificado con Cristo”. El viejo legalista Saúl se convirtió en el apóstol Pablo, él es una persona nueva.

¿Qué lo hizo diferente? El Espíritu Santo de Dios, el Espíritu de Cristo vino a vivir en él. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas.” Así que ha habido una muerte, yo he sido crucificado con Cristo, ya no tengo derechos propios, no tengo derecho a hacer lo que me plazca, a pensar como me plazca, me he rendido y lo entregue todo cuando recibí a Jesús en mi vida. La ley ya no es mi amo, Jesús es ahora mi amo.

Vallamos a Romanos 6:1-5. Romanos y Gálatas son comentarios entre sí, recuerda que Pablo escribe la carta a los Gálatas y los Romanos guardando una gran afinidad y a la vez expresando su disgusto con ellos. Por lo que en Romanos Pablo simplemente expande lo que está diciendo en Gálatas. Sólo en estas dos epístolas puedes encontrar esta hermosa enseñanza doctrinal de la gracia y la justicia expresadas con tanta claridad en la Escritura; en Romanos 6:1-5, Pablo nos explica tan maravillosamente esto. “¿Qué diremos entonces?”, Le dice a estos romanos. “¿Debemos continuar en el pecado para que la gracia abunde?” Esto es lo que acabo de decir hace un momento. En el momento en que te conviertes en un creyente tienes que entender que la gracia nunca significa que tengo el derecho de hacer lo que quiera. Nunca tienes ese derecho, y Pablo dice: “¿Crees que la gracia te permite hacer lo que quieres?”

Luego dice en el versículo 2: ” ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿Cómo viviremos aún en él?”, Y otra manera de explicar el pecado es el derecho de hacer lo que yo quiero, pues eso es lo que es el pecado. En medio del pecado siempre está el pronombre “yo”.  En medio del pecado está el “orgullo”, y es por eso que decimos, que hemos de morir al derecho de hacer lo que queremos. “¿Cómo vamos entonces a… vivir en el pecado?” Ya hemos muerto a ello. El gran “ego” ha sido quitado de la ecuación.

Entonces él dice en el versículo 3: “¿O no sabéis que todos nosotros que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su muerte?” Esta palabra “bautizados” significa inmersión, sí, pero también significa identificación. Si tienes un tintero, un tintero grande, muy grande de tinte rojo y  tomas un paño blanco y ese paño blanco lo sumerges en el tinte, lo has bautizado en el tinte. Y eso es así, pero algo más ha sucedido, la tela se ha identificado con el tinte rojo y ahora, no sólo es el paño en el tinte, pero el tinte está en el paño. Ya no tienes una tela blanca, tienes un paño rojo. Y esto es lo que sucede en la salvación, no sólo fuimos bautizados en Él, sino que ahora Él vive en nosotros.

El versículo 4: “Por eso hemos sido sepultados con Él por el bautismo en la muerte, para que así como Cristo resucitó de entre los muertos para la gloria del Padre, también nosotros andemos en novedad de vida”. Y la palabra “novedad” es una total cualitativamente diferente forma de vida. Ya no vives para ti como lo hiciste antes de ser salvo. Ahora vives para Él y Él es tu Señor y Él es tu Maestro.

Él dice en el versículo 5, otra vez: “Porque si nos hemos unido con Él en la semejanza de Su muerte, ciertamente también estaremos en la semejanza de Su resurrección”. Ahora, la palabra “Unido con,” es esa palabra sun, “con”, ¿Cuál “con” es? ¿Es meta, “asociación con”? O ¿Es “íntimo con”? Es sun, y futos es la segunda parte de la palabra. Significa ser dos cosas que se injertan juntas, se convierten en uno, para nunca ser separados otra vez.

Ahora he usado la ilustración de una galleta tantas veces que estás cansado de oírla, así que voy a cambiarla y usar otra. Hemos estado hablando de cómo hacer “té dulce”. Y yo no sé cómo hacer eso, y algunos me dijeron, tienes que hervir el té y estando caliente, entonces tienes que añadir el azúcar. Dije, eso no tiene sentido. ¿Por qué no pones el azúcar cuando está frío? Y me dijeron muy claramente porque el azúcar no se disolverá cuando el agua está fría. Sólo se disuelve cuando el agua está caliente. Y la diferencia es que, cuando se pone el azúcar cuando está caliente, se endulzará a partir de ese momento. No puedes obtener ese sabor dulce de otra manera. ¿Por qué? Porque hay algo cuando está caliente, el azúcar y el té simplemente se funden en uno, y dos cosas diferentes se convierten en una, cambiando la dimensión de ambas cosas.

Y eso es exactamente lo que sucede cuando eres salvo. Eres como un té dulce con Jesús. Y me di cuenta de que el azúcar no se disolverá de ninguna manera en el té frío. Se asienta en el fondo del cristal, tienes que seguir removiéndola y removiéndola y revolviéndola. Y si pudieras hacer algo para mantenerlo en el fondo del vaso podrías separar los dos, pero si está caliente y pones el azúcar, ya no puedes separarlos.

Eso es lo que está diciendo. Él está diciendo, escuchen, con el Señor Jesús, están unidos a Él. Recuerda, a Jesús no le gusta nada que sea frío o tibio. A él le gusta lo caliente, aunque dijo: “Ojalá fueras frío o caliente en lugar de estar tibio”. En la salvación eres espiritualmente caliente, y la dulzura de Su presencia viene y se engrana en nosotros y somos cambiados para siempre, ya no podemos ser separados uno del otro.

Ahora, ¿Qué sucedió en el momento de la salvación? Jesús vino a vivir en ti, hubo una muerte y una resurrección de una nueva persona. Ahora, cuando nos convertimos en creyentes, lo que éramos en Adán ha dejado de ser, espero que sepamos que todo el mundo ya sea que está en Adán o en Cristo. Sólo tienes dos opciones: Naciste en Adán; Y solamente poniendo tu fe en Cristo puedes estar ahora siempre en Cristo. Esto es a lo que llamamos ser nacido de nuevo, o nacido de arriba. Cuando estamos en Cristo, todo nuestro pasado pecaminoso ha sido borrado. Todos los derechos del creyente han sido entregados a Él. Cristo ha entrado en el creyente para gobernar y reinar. Nosotros, como dice Pedro, somos participes de la naturaleza divina, Cristo ha venido, hemos experimentado la novedad de la vida. Nos ha dado un nuevo comienzo.

Pero hay un problema, y ​​esto es lo que la gente no entiende, y esto es lo que tienes que comenzar a comprender que Jesús es el Señor. Pues, aunque todavía tenemos el potencial de pecar, y Pedro era un creyente que cayó de nuevo bajo la presión de la Ley, de querer hacer las cosas a su manera. Y eso es pecado, ¿no? Todos tenemos la tendencia de caer, ¿De dónde viene eso? Pues bien, Romanos 6:6 lo saca a la luz, Pablo usa la palabra “crucificado” como una metáfora, y esto es lo que dice, “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre, lo que solíamos ser en Adán, fue crucificado con Él.” El viejo hombre está muerto, ya no existe, tú nunca puedes ser lo que solías ser porque Dios vive en ti, fuiste puesto a muerte. ¿Cómo? “Para que nuestro cuerpo de pecado pueda ser eliminado”.

Ahora, lo primero que tienes que darte cuenta es que tienes un cuerpo de pecado. Por un lado, todo el mundo está persiguiendo los atractivos del diablo, pues eso es conveniente. Pero, ¿Qué puede hacer si te atrapa? ¿Acaso, darte muerte? Sabes, Jesús ya lo derroto en la cruz, el diablo no es tu problema, no es tampoco mi problema. Lo que es mi problema es la persona que miro al espejo cada mañana cuando me levanto. Ahora, quiero que hagan algo por mí mañana por la mañana cuando se levanten. Digan: “Buenos días, cuerpo de pecado”, sólo para entender dónde es que están tus problemas. No es tu esposa; No es tu marido; No son tus hijos; No es tu vecino; No es esa persona que no conduce más de 15 millas por hora en una zona de 30 millas, a la cual no puedes pasar, no es esa persona; eres tú. Tienes que tratar con contigo mismo, tengo que tratar conmigo todos los días de mi vida.

La palabra “destruido”, no sé por qué es traducida de esta manera, ya que al estudiar su significado encuentras que es la palabra katargéo, que significa “ser puesto en neutro. Kata, poner por debajo, y  argeo significa ser desconectado. Es como cuando la energía se desconecta, cuando se ha hecho algo inactivo o inoperante, que se ha desconectado. Ahora, cuando Cristo entró en nuestras vidas, Él no tomó la transmisión que causa el pecado y la arrojó fuera, más bien lo que hizo fue liberar la transmisión. ¿Entiendes lo que estoy diciendo? En otras palabras, todavía tenemos el potencial de pecar, pero ya que Él vive en nosotros ahora y porque Él es nuestro Señor, y si vivimos bajo Su Señoría entregando y diciendo sí a Él, entonces lo que pasa es que todo ese poder del pecado—permanece en neutro. No puede hacer nada para dañarme. Pero cuando actúo como Pedro lo hizo u otros lo han hecho, entonces, doy un paso atrás y actúo bajo el asedio de la carne o la Ley, inmediatamente lo que hago es volver a poner en marcha el pecado, pues es ahí cuando el pecado toma el control en mi vida. Y todos los creyentes necesitan entender esto, que no solo están bajo la gracia, pero ahora Jesús es Señor. Mi gran “ego” ha sido removido, y nos hemos de rendir a todo lo que Él dice; Hay poder en Su palabra y esto es lo que Pablo está tratando de aclarar—lo que sucedió en el momento de la salvación.

Así que una de las cosas que el contexto nos está diciendo en Romanos, y en Gálatas, es que el estar en Cristo ahora significa que la Ley ya no tiene derecho sobre nosotros, ni control. Ya no puede condenarnos. Observemos lo que Romanos 7 dice, esto es emocionante, si no es así, esta sería una buena mañana para ser salvo. Romanos 7:1, dice: “¿O no sabéis, hermanos?” Y me encanta esta palabra que se usa aquí para saber-agnoeo. Es como decir, ¿Hermanos, están caminando sin entender esto? A mí me gustaría decir esto a toda la gente en todo momento, especialmente cuando personas se enojan, y comienzan a hacer llamadas insultantes y correos electrónicos inapropiados. Es decir, ellos todavía no han obtenido este entendimiento. ¿Hermano, están caminando sin este entendimiento? ¿Acaso, no entienden esto?

Él dice: “Hermanos (pues está hablando a los que conocen de ley)”. No la Ley, pues no hay artículo definido allí—sólo son personas que creen entender de la ley. Los gentiles estaban en Roma; de donde las leyes eran emitidas, los judíos entendían la ley desde una perspectiva diferente. ¿Cuál es la norma sobre la ley que tenían que entender? “Que la ley tiene jurisdicción sobre una persona mientras él [la persona] Vive.” Así que mientras vivas, la ley tiene jurisdicción sobre ti, no te puede liberar de ella.

Él dice: “Oye, mientras vivas, la ley tiene jurisdicción sobre ti”. Así que lo deja muy claro. Luego en  el versículo 2 dice: “Porque la mujer casada está obligada por ley a su marido mientras está viviendo; Pero si su marido muere, ella está libre de la ley concerniente al esposo.” Ahora, no hagas de esto un pasaje sobre el matrimonio. Pues siempre hemos de hacer lo más importante las cosas que son claras. ¿Qué está diciendo? Para que yo esté libre para emprender una relación y poder tener una relación con Cristo, ¿Qué tiene que suceder? Tiene que haber una muerte. ¡Oh! ¿Ves a dónde se dirige esto? ¿Qué acabamos de leer en el capítulo 6? “Estoy crucificado con Cristo”, ha habido una muerte.

Él dice en el versículo 3 de Romanos 7, “Así que, si mientras su marido vive, no se puede unir a otro hombre [o si trata de tener una relación con otra persona], será llamada adúltera; Pero si su marido muere, ella está libre de la ley, de modo que no es una adúltera, si se une a otro hombre”. Y lo que está diciendo es que no se puede coexistir con dos relaciones al mismo tiempo. Y es como lo que le está diciendo a Pedro. Pedro, ¿Qué estás haciendo? ¿Estás bajo la gracia o estás bajo la ley? No puedes mezclar las dos. Tienes que dejar una para que estés bajo la otra.

Y entonces él dice en el versículo 4, ¡Oh!, esto me encanta: ” Por tanto, hermanos míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley…” ¡Oh, qué bien! ¿Cómo ocurrió eso? Él te lo dice, “por el cuerpo de Cristo.” ¿Qué quiere decir esto? Cuando fue crucificado, tú fuistes crucificado. Y cuando recibes a Aquel que logró todo lo que la ley exige, Él viene a vivir en ti, eres libre, libre de la ley. Nunca más puede controlarte, nunca puede volver a condenarte, la única manera que puede ganar control es si tú eliges volver a estar por debajo de ley. Eso es lo que Paul está tratando de decir. Él dice: “Al que resucitó de entre los muertos, para que demos fruto a Dios”.

Ha habido una muerte, la orden de muerte de nuestra autoestima ha sido firmada, mi derecho de hacer lo que yo quiera ha sido revocado. He muerto; He sido crucificado con Cristo, eso es lo que Pablo está diciendo. Las demandas de la ley no tienen poder sobre un hombre muerto. Es un imán, sí, a la carne. Seguirá queriendo tirar de la carne, pero mientras nos volvamos a Aquel que conquistó ese poder y conquistó ese imán, y mientras digamos sí a Él, entonces esa ley no nos puede hacer nada. El poder del pecado que produce cosas de acuerdo al pecado y toma la oportunidad con la ley es lo que nos sigue diciendo en el capítulo 7. Pero mientras que estamos diciendo sí a Jesús—rindiéndonos ante Él el poder del pecado ha sido desenganchado.

Así que Pablo hace una proclamación. Lo que yo era, está muerto, he sido crucificado con Cristo, Pedro, ¿Me estás escuchando? ¿Revisa tu teología? ¿Entiendes esto? Pues para que estés de nuevo bajo la ley sólo tienes que elegir estarlo. Pero, Cristo nos ha liberado, tienes un nuevo Maestro, ya no la ley, sino al Señor Jesucristo. Así que hace esta proclamación. ¿Te emociona esto tanto como a mí?

Pero luego dice una paradoja. Una paradoja es una afirmación que aparentemente se contradice. Él dijo: “He sido crucificado con Cristo”. Luego dijo, “Y ya no soy yo el que vive sino que Cristo vive en mí”. Ya no soy yo el que vivo. Tan completa ha sido la muerte de Pablo en Cristo que toda su personalidad se ha fusionado ahora con Cristo. Ya no soy yo. Es Cristo que vive en mí. Cristo vive en mí, la palabra vivir es zao y está en presente activo. Zao es un verbo, y es la palabra que significa “esencia de vida”. Y él está diciendo que Cristo es la esencia de su vida. Si ves algo bueno en mí, él señala a la esencia de su vida—Jesús es mi Señor. Él es mi Maestro, cuando le digo sí a Él, Él manifiesta Su presencia en mi vida—es la esencia de mi vida. Eso es lo que dice en Filipenses 1:21, “Porque para mí vivir es Cristo”, la misma palabra, lo dice también en Colosenses 3:4, “Cuando Cristo, que es nuestra vida regrese.” Él dice que Cristo, en tiempo presente, está viviendo en mí en este momento.

No sé cuántas personas entran a un edificio de una iglesia y dicen: “Juanito, Juanito, Juanito, cállate, estás en la casa de Dios.” Y el pequeño Juanito dice: “¿De quién?” “Estás en la casa de Dios.” Y el pequeño Juanito crece pensando que cada vez que está cerca de ese edificio de una iglesia por la calle es mejor que se calle porque dios vive en ese edificio. Pero, no, no es así. Él vive dentro de ti y de mí. Él está dentro, sí, Él es omnipresente, pero Él está dentro, Lo traemos muy dentro, Él vive en ti.

Ahora escúchame, Aquel que cumplió la Ley ahora vive dentro de ti. Entonces, ¿Qué haces tratando de cumplir lo que Él ya ha cumplido? ¿Me entiendes? Lo ves, éste es el punto. ¿Por qué tratamos de añadir a lo que Él ya ha alcanzado? Y Aquel que dio la ley, y el que cumplió la ley ahora vive en nosotros. Y cuando Le obedecemos, el fruto de Su Espíritu es amor, contra lo cual no hay ley. Hemos leído en Mateo 5:17, “No he venido a abolir la ley, sino a cumplirla”. Leemos en Romanos 8:3, “Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne” El condenó el pecado en la carne. Se ocupó de la ley ¿Cómo? Como un hombre, el Dios-hombre, Él nos representó y luego fue a la cruz por nosotros. ¿Por qué entonces queremos volver a ponernos por debajo de la ley? El predicador Spurgeon dijo que si hago algo por Dios y le pido que lo bendiga, es como tomar trapos sucios y ponerlos en Su ropa inmaculada y decirle, “Oh Dios, ¿Puedes aceptar esto?” Él no está interesado en lo que puedo hacer para Él. Está interesado en lo que Él quiere hacer en y a través de mí.

Déjame mostrarte esto, esta es una maravillosa verdad, Él vive en nosotros, ¿Verdad? Ahora mira esto. “Porque en cuanto éramos enemigos”, Romanos 5:10, ” fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados.” Esta es la muerte que nos reconciliada. Mira esto ahora. “Seremos salvos” no por Su muerte, sino ¿Por qué? ”Por su vida.” Ahora, ¿dónde está esa vida? Está en mí. Romanos 6:10, “Porque en cuanto El murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto vive, vive para Dios.” ¿Qué es lo que hace? Él vive en mí, atrayéndome hacia el Padre en todo momento.

¿Te das cuenta de cuantos obstáculos tenemos que pasar? Él nos ha dado una voluntad preconcebida para hacer lo que es correcto, y eso es Su corazón, Su naturaleza en nosotros. Cuando una persona elige pecar como creyente, cuantos obstáculos tiene que pasar para llegar tan lejos de lo que Dios está diciendo. Pero si dices: “Jesús es mejor que vivas dentro de mí, y vive la vida cristiana en mí”, es por eso que es mejor que Jesús esté dentro de mí. Ahora escucha lo que voy a decir, ya que Él es el Único que ha vivido correctamente. Entones, “Él puede vivir el cristianismo todos los días.” No, tú no puedes. Tienes que dejar de pensar más en ti mismo de lo que deberías pensar. Apártate de Su camino y permite que Jesús sea Jesús en ti. Deja de intentar impresionarlo, Él no está impresionado contigo, Lo único que le impresiona es cuando nos mira y Se ve a Sí mismo.

Bueno, ¿Cómo puede hacer esto? Lo veremos luego, pero déjame leer esto: Oswald Chambers dijo esto acerca de Gálatas 2:20, “Nadie se ha unido nunca con Jesucristo hasta que esté dispuesto a renunciar no sólo al pecado sino a todo su modo de ver las cosas. Ya que nacer de lo alto del Espíritu de Dios significa que debemos de dejar ir nuestras ambiciones, debemos dejar marchar todo antes de que Él tome posesión. En esta primera etapa está la renuncia a toda pretensión, lo que nuestro Señor quiere no es que le presentemos bondad, honestidad, ni esfuerzos propios, sino todo nuestro pecado, pues eso es todo lo que tenemos. Eso es lo que Él puede quitar de nosotros. ¿Y qué da Él a cambio de nuestro pecado? Una verdadera y sólida justicia. Pero debemos renunciar a toda pretensión de ser algo, de todo reclamo de ser digno de la consideración de Dios. Y así, el Espíritu de Dios nos mostrará a qué hay que renunciar. Así que tendrás que renunciar a tu derecho a ti mismo en cada momento. ¿Estoy dispuesto a renunciar al dominio sobre todo lo que poseo, mi dominio sobre todos mis deseos y ser identificado con la muerte de Jesucristo? Esta es la dolorosa desilusión que hay que pasar antes de renunciar. Cuando un hombre se ve realmente a sí mismo como el Señor lo ve, no son los pecados abominables de la carne lo que lo sacude, sino la naturaleza espantosa de la soberbia de su propio corazón en vista al de Jesucristo. Cuando uno se ve a sí mismo a la luz del Señor, la vergüenza, el horror y la desesperanza se hacen ver, es entonces que has de renunciar a todo y Dios te hará apto para todo lo que Él requiere de ti”.