En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 101

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Explicando las Tradiciones Farisaicas a las Multitudes.
Mateo 15:10-11

15:10-11: “Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”.

Si los escribas y fariseos se encontraban cerca del sonido de Su voz cuando Jesús les hablaba a las multitudes, ellos le oyeron dando una explicación simple de los versículos 10 y 11.

Su respuesta relacionada con las tradiciones de ellos sobre los rituales del “lavado” es que los alimentos que se comen sin haberse lavado las manos no son los que contaminan a la persona.

Como Él agregó después en el versículo 17, el alimento entra al estómago y los residuos se echan en la letrina.

Aquí no hay ninguna situación moral implicada; pero cuando las cosas inmorales salen del corazón y luego salen de la boca, eso es lo que contamina a la persona.

El lavado repetido de las manos, el lavado de los vasos, tazas, vasijas de bronce, y aun las mesas, eran solamente rituales los cuales no eran requeridos por el código levítico. Si las manos de ellos hubieran estado a derecho con Dios al obedecer lo que en realidad era la Ley, ninguno de estos agregados a la Ley se habría hecho.

Discusión con Sus Discípulos.
Mateo 15:12-20

En Relación con los Fariseos.
Mateo 15:12-14

15:12-14: “Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

Hay una pregunta de que si los fariseos se ofendieron por toda esta conversación con Jesús, o si “esta palabra” (ton logon) se refiere solamente a lo que Jesús les habló a las multitudes.

Por supuesto que el tema específico traído por los fariseos era el rechazo de los discípulos a cumplir con el ritual del lavado repetido de manos, y este es el contenido de la respuesta de Jesús en los versículos 10-11.

Sin embargo, es cierto que todo lo que Jesús dijo en esa ocasión los ofendería grandemente puesto que Él denunció todas las tradiciones de ellos como una hipocresía.

Entonces, también en Su evaluación de los fariseos, Jesús usó dos ilustraciones en las cuales Él claramente denunciaba su falta de vida espiritual y de liderazgo espiritual.

Primero, Jesús dijo que ellos no eran plantas que habían sido sembradas por el Padre Celestial. En efecto, ellos son la “cizaña” del 13:25, puesta allí por el enemigo, el cual es el padre de ellos, el diablo (Juan 8:44).

Ellos podrán ser la simiente física de Abraham, pero no son hijos de Abraham (Juan 8:37-39). Igual que la cizaña en el 13:25, ellos serán un día “arrancados” y morirán porque no tienen vida espiritual.

La segunda analogía incluye su falta de liderazgo espiritual. Habiéndoles advertido en contra de este sistema de tradiciones, Jesús ahora les ordena a Sus discípulos “dejadlos”.

Como el Apóstol Pablo observa en Romanos 2:19, los judíos incrédulos están confiados de ser “guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas”. Mientras que la primera parte puede ser cierta, la segunda es imposible; Jesús les llama “ciegos guías de ciegos” con solo un posible resultado, “ambos caerán en el hoyo”.

En Relación a la Parábola.
Mateo 15:15-20

15:15-20: “Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola. Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina? Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre”.

Jesús muestra Su desagrado hacia los discípulos porque ellos no entendieron un principio simple. Aparentemente no hubo ninguna pregunta por parte de la multitud, entonces uno se pregunta si es que ellos comprendieron esta verdad más rápidamente que los discípulos.

El principio que aboga Jesús era que existe una diferencia entre la suciedad física y la suciedad moral. Las funciones naturales de la actividad corporal de la comida y la eliminación de los residuos, son una forma de purificar los alimentos como alimentos.

En Marcos 7:18-19 se incluye una frase que permite la posibilidad de que Jesús estuviera anulando todas las restricciones levíticas relacionadas con los alimentos inmundos. “¿También vosotros estáis así sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar, porque no entra en su corazón, sino en el vientre, y sale a la letrina? Esto decía, haciendo limpios todos los alimentos”.

(La Biblia Nueva Versión Internacional traduce Marcos 7:18-19 así: “¿No se dan cuenta de que nada de lo que entra en una persona puede contaminarla? Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y después va a dar a la letrina. Con esto Jesús declaraba limpios todos los alimentos.”)

Con esto se pueden decir dos cosas: primero, que en cualquier lectura (de la Biblia) que se prefiera, Jesús no pudo haberse contradicho con lo que dijo en Mateo 5:17-20 que Él no había venido a abrogar la Ley sino a cumplirla.

Y segundo, que si aun esa declaración a manera de explicación está incluida, se puede tomar como que se refiere específicamente al proceso físico que limpia a todos los alimentos que entran por la boca, ya sea que estas cosas sean permitidas por la Ley, o para todos los alimentos en general.

En otras palabras, la pregunta de si Jesús canceló la Ley no necesariamente es el tema en esta ocasión. Él simplemente está mostrando la carencia que ellos tienen de cualquier relación entre el proceso físico de tomar los alimentos y llevarlos a la boca y la putrefacción moral del corazón que sale por la boca, como Él la describe en una larga lista de pecados.

Es el corazón que es engañoso más que todas las cosas y perverso (Jeremías 17:9), el que contamina a la persona, no el no observar la tradición ritualista ideada por el hombre del lavado ceremonial de las manos.

Después del completo y total cumplimiento de la Ley con la muerte y resurrección de Jesús, Sus seguidores quedaron libres de la Ley.

Pero aun entonces no era fácil para un judío fuerte y testarudo como el Apóstol Pedro aceptar estos cambios revolucionarios, sino hasta después de su experiencia en Hechos 10 cuando un gran lienzo descendió del cielo lleno de toda clase de animales, tanto limpios como inmundos, de los cuales Dios le ordenó a Pedro comer.

Esta liberación fue reforzada por el Apóstol Pablo en Romanos 14:14: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es”. Luego en el versículo 21 agrega, “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite”.

La carta de Hechos 15:23-29 fue escrita por los primeros oficiales a los gentiles, y dejo en claro en el versículo 24 que el rito de la circuncisión y el guardar la Ley no era obligatorio. Para que fuera un testimonio inofensivo para los judíos, se enumeraron cuatro “cosas necesarias”: “Que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación”.

Cuando esta carta fue entregada se le llamó te paraclesis, “la exhortación”, no la ley.

Todo esto es cierto porque “en el cumplimiento de los tiempos”, Dios envió a Su Hijo para redimir a los que estaban bajo la Ley.

Febrero, 2008

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