La Relación que Nos Trae el Espíritu Santo

La Relación que Nos Trae el Espíritu Santo

El Dr. Barber explica cómo somos llevados a una maravillosa y nueva relación con Dios a través de la obra del Espíritu Santo.

Romanos 8:15-17

La Relación que Nos Trae el Espíritu Santo

Martín Lutero dijo de Romanos capítulo 8, que si toda la Biblia fuera un anillo, entonces el libro de Romanos sería la joya que se realza en el anillo. Y que el capítulo 8 de los romanos sería el diamante del centro que brilla con esplendor.

Es en el capítulo 8 es donde descubrimos la maravillosa obra del Espíritu Santo de Dios. ¿Cuándo aprenderemos que “Nosotros mismos no podemos vivir la vida cristiana, la verdad es que Dios nunca dijo que pudiéramos hacerlo; Pero Dios sí puede hacer Su obra en nosotros y Él dijo que lo haría posible”? El Espíritu Santo es Dios, y Él nos da el poder para lograr hacer lo que la ley demostró que nosotros nunca podríamos cumplir.

Hasta ahora hemos visto en el capítulo 8, “El Papel del Espíritu Santo”, los versículos 1-4 nos hablan de la presencia del Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas, lo que hace que la justicia de la ley se cumpla en nosotros. El Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo. Cristo es nuestra vida y justicia. Al poner nuestra fe en Cristo, Él envía Su Espíritu a vivir en nosotros y producir a través de nosotros Su Divino “amor” que es el cumplimiento de la ley.

Luego en los versículos 5-11 vimos “El Producto del Espíritu Santo” en la vida de cada creyente. El Espíritu Santo cambia todo el curso de nuestra vida. Ya no andamos según la carne, sino que ahora andamos según el Espíritu. Nuestras mentes han sido cambiadas de la sintonía con Adán a la sintonía con Dios. Ahora estamos en la frecuencia de Dios.

En los versículos 12-14 vimos “El Derecho del Espíritu Santo,” nosotros somos deudores a Él por lo que deberíamos hacer morir las obras de la carne con Su poder. Solo hemos de obedecer al Espíritu Santo, para hacer morir las obras de la carne. La deuda con la carne ha sido pagada en su totalidad cuando Jesús murió en la cruz, no debemos nada a la carne.

Ahora vamos a ver, “La relación que el Espíritu Santo nos da con Dios es para siempre”. Sabes, mi mamá siempre me mantuvo consciente de quién era parte de nuestra familia en lo que respecta a nuestro árbol genealógico. Me gustaría que estuviera viva, porque no puedo llegar muy lejos mencionando nombres en ese árbol genealógico, incluso me preguntaba el otro día cuántos hermanos y hermanas ella tenía. ¡Qué vergüenza!

Pero, de nuevo, a veces no estoy muy seguro de querer saber demasiado, podría encontrar algunas cosas sobre mis parientes que no me gustaría saber. Esto es cierto de todas las personas que somos parte del árbol genealógico de Adán. Todo lo que podemos mirar hacia atrás es el pecado de Adán, y todo lo que se puede ver hacía el futuro es el infierno eterno, separados de Dios para siempre.

Pero los que estamos en Cristo, miramos hacia atrás hacia la cruz y al hecho de que Jesús murió por nuestros pecados. Y debido a que ponemos nuestra fe en Él, ahora tenemos un nuevo árbol genealógico, hemos nacido de nuevo y podemos esperar vivir juntos con nuestra nueva familia.

Recuerda Romanos 8:13, “Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”. Es el Espíritu Santo quien nos trae esta “nueva vida” en Cristo Jesús y nos hace nacer en la familia de Dios. Y así como el Espíritu Se movió sobre las aguas en la creación, Él respira en nosotros la misma vida de Dios, y es quien cuya presencia en nosotros nos identifica como hijos de Dios. Demos un vistazo a esta relación que Él nos da.

Primero, esta nueva relación con Dios implica una nueva disposición. Romanos 8:15: “Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” El Espíritu Santo que vive en nosotros nos hace tener una disposición y una actitud totalmente nueva hacia Dios.

Las frases “espíritu de esclavitud” y “espíritu de adopción” son dos frases clave en este versículo. Cuando dice “no habéis recibido”, significa “no, de ninguna forma”. “Un espíritu de esclavitud que lleva al temor de nuevo” se traduce más exactamente, “un espíritu de esclavitud de te lleve de nuevo hacia el temor”.

La palabra “espíritu” aquí se usa como referencia a la disposición, sentimiento o temperamento de la mente. En otras palabras, tenemos un nuevo temperamento, una nueva disposición, no la antigua disposición que teníamos en Adán. Observa cómo la palabra se utiliza en otras partes:

En Lucas 9:55, cuando Santiago y Juan le preguntaron a Jesús si quería que hicieran caer “fuego” y destruir la aldea samaritana que rechazó a Jesús, Jesús se volvió y los reprendió, “y dijo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.”

Romanos 11:8, “´…Tal como está escrito: Dios les dio un espíritu de estupor, ojos con que no ven y oídos con que no oyen, hasta el día de hoy.’”

1 Corintios 4:21, “¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre?”

Gálatas 6:1, “Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

Lo ves, cuando el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros, se nos da una nueva actitud, disposición, la de un hijo de Dios. En Adán, éramos personas con temor debido al pecado original. ¿A qué temíamos? El autor de Hebreos nos lo explica en Hebreos 2: 14-15, “Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.”

¿Sabes? Una persona sin Cristo teme a la muerte, una vez más, miren las palabras de Romanos 8:13, “Porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir”. Recuerden, hemos hablado de la palabra, mello, que significa el estar seguros que vamos a morir. La muerte eterna es certera; La muerte es el final. Para un incrédulo, la muerte es el final, es el temido final de todo lo que él sabe y ha esperado. Pero, para un creyente, esa vieja disposición de temor a la muerte se ha ido para siempre: “Sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” ¡Oh, qué gloriosa frase!

Y que gozo es el versículo 15: “hemos recibido un espíritu de adopción como hijos”. La palabra traducida adopción viene de dos palabras griegas: juíos—un hijo que ha madurado y se ha identificado con la voluntad de Su Padre; Y tídsemi—colocar en su lugar. Habla de aquellos a quienes Dios por medio de Cristo adopta como Sus hijos y así los hace herederos de Su salvación según Su pacto. Jesús es el Juíos (Hijo) de Dios, y por lo tanto ahora estamos en Él, así que tenemos esa posición delante de Dios en Su Hijo.

Por causa de Cristo somos miembros de la familia de Dios con todos los privilegios en Cristo Jesús. Ahora tenemos conocimiento del Padre por medio de Su Hijo Jesucristo. De hecho, ahora Dios el Padre se ha convertido en nuestro “Papá”, la palabra “Abba” que nos viene del arameo. Es una palabra compasiva asignada para el Padre con la que sólo un niño se identificaría. Era la primera palabra que un niño aprendería; Como Papito.

Somos eternamente los “hijos de Dios en Cristo Jesús”, nacidos en la familia de Dios por el Espíritu Santo, y con plenos privilegios en Cristo Jesús. Tenemos una nueva disposición.

Bueno, en segundo lugar, implica una nueva convicción. ¿Cómo es que tenemos la “nueva disposición”? El Espíritu Santo de Dios nos la da. Miren Romanos 8:16, “El Espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios”.

El Espíritu mismo, su obra no es delegada, pues es el Espíritu de Dios mismo es quien la hace. El Espíritu Santo que vive en nosotros ha traído este nuevo entendimiento de que ahora somos hijos de Dios.

La palabra para “da testimonio” es summarturéo, lo que significa testificar como un testigo legal. Ahora, en un tribunal, un testigo da testimonio sobre una convicción basada en su testimonio. Es en nuestro espíritu que el Espíritu Santo testifica y trae la “convicción” de que somos hijos de Dios. Él viene, y nos la pone allí, por el Espíritu Santo de Dios mismo. Y esto está sucediendo en todo momento.

Un niño sabe quiénes son sus padres, esto no es algo que se enseña, está profundamente arraigado dentro de ellos. Mi esposa y yo estábamos visitando unos amigos en Montana, y ellos tenían un niño pequeño de 6 meses llamado Josué. Y Josué y yo no empezamos muy bien. Mientras él estaba comiendo su desayuno una mañana su madre lo llevaba a su habitación, y se encontró cara a cara conmigo, y esto fue algo ¡Muy sorprendente para él! Traté de tranquilizarlo y tome al niño en mis brazos, pero de repente él gritó con todos sus pulmones: “¡Quiero a mi mamá, tú no eres mi mamá!” Pensé que era realmente reconfortante, pero el pequeño Josué estaba convencido de que yo no era su papá.

La palabra para “hijos” aquí es diferente de la palabra “hijos” en el versículo 15. Es la palabra téknon. Significa que tenemos la “naturaleza” de Dios quien nos dio a luz. Estoy seguro de que has visto cómo los niños reflejan la “naturaleza” de sus padres. La diferencia entre el reflejo natural – de nuestros hijos – con el reflejo espiritual – de ser hijos de Dios – es que tenemos la naturaleza de la “carne” con la que hemos de tratar. Y cuando no obedecemos al Espíritu Santo y no hacemos morir las obras del cuerpo, entonces la gente tiene dificultades para ver esta naturaleza divina en nosotros y pueden dudar si la tenemos o no.

Pero la convicción de que somos hijos de Dios siempre es testificada por el Espíritu Santo que vive en nosotros. Una de las maneras es que Él nos trata como a Sus hijos. Por lo tanto, esta nueva relación que tenemos implica una nueva disposición, pero también una nueva convicción.

En tercer lugar, involucrado en esta nueva relación está la nueva dimensión de nuestro sufrimiento. Romanos 8:17, “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él”.

Todo el mundo en el planeta tierra, ya sea creyente o no, debe sufrir por causa del pecado original, el pecado personal, o los pecados de los demás. Este es el tema general de los versículos 18-39. Pero, en el versículo 17, parece que Pablo está hablando del tipo de sufrimiento que proviene de nuestra “identificación con Cristo”.

Cuando pagamos esa deuda que debemos de los versículos 12-14, hacemos morir las obras de nuestra carne a través de la obediencia a Cristo. Y eso no es fácil. Pero, cuando lo hacemos rendidamente, entramos en un reino o dimensión de sufrimiento que no conocemos. Dos frases en este versículo me llamaron la atención: “padecer con Él” y “que seamos glorificados con Él”. Y este “padecer con Él” parece ser que viene a nosotros como resultado de actuar como hijos de Dios y hacer morir las obras de la carne en obediencia a Él.

Hay muchos versículos en el Nuevo Testamento que hablan de compartir en los sufrimientos de Cristo y quiero que veamos algunos de ellos:

2 Corintios 4:10, “Llevando siempre en el cuerpo por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.”

2 Corintios 1:5, “Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo.”

Filipenses 3:10, “Y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte”

1 Pedro 4:1, “Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, armaos también vosotros con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado.”

Juan 15:18, “Si el mundo os odia, sabéis que me ha odiado a Mí antes que a vosotros.”

Cuando yo elijo morir a mí mismo, y obedecer a Cristo en el poder de Su Espíritu, entro en los “sufrimientos de Cristo”. Miremos otra vez el versículo de Romanos 8:17, “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él”

“Hijos” como aquellos que dan fruto de la naturaleza de Dios. Observa lo que 2 Pedro 1:4 dice, “Por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.”

Luego dice que los hijos son “También herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo”. La palabra aquí es kleronómos. Significa ser un legítimo heredero. Debemos ser de la familia para ser heredero. Algunas personas piensan que son hijos de acuerdo a lo que hacen. No, eso sería una recompensa. Recuerde que el joven rico le preguntó: “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?”

Pero somos “herederos de Dios”. John D. Rockefeller, Jr. heredó toda la riqueza de su padre. ¿Por qué? Porque era su hijo. Somos herederos de todas las promesas de Dios porque somos Sus hijos. Toda nuestra herencia está en Cristo Jesús. Pablo dice que somos “coherederos con Cristo”. Piénsalo, todo lo que es de Cristo por derecho se convierte en nuestro por gracia. Efesios 1:3 nos dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”.

Y no olvides nunca que si somos participes en Sus sufrimientos, Él nos consuela y nos fortalece a través de Su Espíritu. El mismo Espíritu que consoló a Jesús cuando estaba en esta tierra nos conforta y nos fortalece. ¡Oh, qué maravilloso!

Mira la frase “si en verdad padecemos con Él”. La palabra griega traducida “si” es ei y podría traducirse “Ya que”. No significa posibilidad sino realidad. También está en el tiempo presente activo indicativo: “si estamos padeciendo con Él”, o “ya que estamos sufriendo con Él. Lo ves, la voz “activa” significa que tenemos una elección activa en esto. Cuando elegimos “sufrir con Él” es cuando elegimos vivir como Sus hijos, quienes están obedeciendo a Su Espíritu para hacer morir las obras de nuestra carne. Es entonces cuando “sufrimos con Él”. ¿Por qué? Porque Cristo es nuestro objetivo y así rechazamos a nuestro propio estilo de vida justa.

Pero todos nuestros sufrimientos con Él tienen un propósito. Ellos son “para que también nosotros podamos ser glorificados con Él”. La palabra “glorificado” proviene de una palabra que significa “reconocer” o “dar una buena estimación”. Ahora, ten cuidado, todos los “santos”, no importa cuánto estén dispuestos a sufrir con Cristo, serán glorificados con Él, miremos algunos versículos que nos hablan sobre esta glorificación:

2 Tesalonicenses 1:10, “Cuando El venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros.”

1 Corintios 15:23, “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida;”

Colosenses 3:4, “Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.”

1 Juan 3:2, “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque le veremos como Él es.”

Pablo, en el versículo 17, no está sugiriendo que hay un arrebatamiento parcial. Pero, que la magnitud de esa gloria será de acuerdo con la devoción que hayamos tenido de obedecer y sufrir con Él aquí en la tierra. Jesús lo aclaró en Mateo 20:21-23 cuando le dijo a Santiago, a Juan y a su madre que la resurrección en el futuro reino de Dios estará relacionada con cuánto se experimenta las profundidades de la copa del sufrimiento de humillación aquí en la tierra: “Y Él le dijo: ¿Qué deseas? Ella le dijo: Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero respondiendo Jesús, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber? Ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: Mi copa ciertamente beberéis, pero sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por mi Padre.”

Pero, el punto de Pablo parece ser que ningún sufrimiento con Cristo en esta tierra nunca pasará desapercibido por Dios. No sabremos mucho sobre esto aquí, pero conoceremos el sufrimiento que proviene de actuar y vivir como hijos de Dios, y un día, será revelado a todos.

Pablo, después de mostrarnos que podemos sufrir con Él, luego nos habla del sufrimiento en general y cómo es que el creyente es eternamente consolado en los versículos 18-39. Él nos muestra una visión del mundo, pero con una pieza que falta. Él muestra cómo todo el mundo creado está en dependencia de lo que Dios hace con Sus hijos. Él nos mostrará que sobre todo el sufrimiento que hay en este mundo está Su mano soberana que hace que todas las cosas obren para el bien de Sus hijos. Esto da evidencia a toda criatura que Dios ama a Sus hijos y que Él está absolutamente en control de lo que está pasando.